Créditos de carbono forestales y no forestales: ¿cuál es la diferencia?
Los créditos de carbono se han convertido en una de las herramientas más utilizadas para canalizar recursos hacia proyectos que reducen o evitan emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, no todos los créditos funcionan de la misma manera.
Una de las principales diferencias dentro del mercado voluntario de carbono radica en el tipo de proyecto que genera el beneficio climático. Mientras que algunos créditos provienen de ecosistemas forestales y de soluciones basadas en la naturaleza, otros se originan en tecnologías, procesos industriales o proyectos de energía. Comprender estas diferencias es clave para que empresas e inversionistas puedan tomar decisiones alineadas con sus objetivos climáticos, ambientales y sociales.
¿Qué es un crédito de carbono?
Un crédito de carbono representa una tonelada de dióxido de carbono equivalente [tCO₂e] que ha sido reducida, removida o evitada gracias a un proyecto específico. Para que pueda comercializarse, el proyecto debe seguir metodologías reconocidas internacionalmente y someterse a procesos de validación y verificación independientes que aseguren la integridad de los resultados.
Aunque todos los créditos buscan generar un beneficio climático, la forma en que lo logran puede variar significativamente.
¿Qué son los créditos de carbono forestales?
Los créditos forestales se generan a partir de proyectos que utilizan ecosistemas naturales para captar o conservar carbono. Eso incluye, por ejemplo, proyectos de reforestación y restauración de ecosistemas degradados, forestación en áreas que anteriormente no tenían cobertura arbórea, conservación de bosques amenazados por la deforestación, manejo forestal sostenible o restauración de manglares y otros ecosistemas con alta capacidad de captura de carbono.
En Xico2e trabajamos con este tipo de créditos de carbono. En estos proyectos, los árboles y la vegetación absorben o capturan dióxido de carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis y lo almacenan en forma de biomasa en sus troncos, ramas y raíces o favorecen su almacenamiento en el suelo forestal durante largos periodos. Pero, además de la captura de carbono, estos proyectos suelen generar beneficios adicionales como protección de la biodiversidad, conservación de cuencas hidrológicas, recuperación de suelos y fortalecimiento de comunidades locales.
¿Y los créditos de carbono no forestales?
Por su parte, los créditos no forestales provienen de proyectos que reducen, evitan o eliminan emisiones mediante tecnologías, infraestructura o mejoras operativas. Esto va desde el uso de energías renovables, la captura y el aprovechamiento de metano en rellenos sanitarios y el tratamiento de residuos orgánicos, hasta la sustitución de combustibles fósiles por alternativas de menor intensidad de carbono, la eficiencia energética en procesos industriales o la aplicación de ciertas tecnologías de captura directa de carbono del aire.
En estos casos, el beneficio climático generalmente proviene de evitar emisiones futuras o de retirar carbono mediante procesos tecnológicos.
La diferencia fundamental: remoción vs. evitación
Aunque existen excepciones, una diferencia importante es el mecanismo mediante el cual se genera el impacto climático. Es decir, mientras los proyectos forestales suelen enfocarse en la remoción de carbono [extraer CO₂ ya presente en la atmósfera y almacenarlo en biomasa y suelos], los proyectos no forestales [especialmente los relacionados con energía o eficiencia] generan créditos por evitación de emisiones al reducir la cantidad de gases de efecto invernadero que habrían sido emitidos en un escenario convencional.
Ambos enfoques son necesarios para enfrentar el cambio climático, pero cumplen funciones distintas dentro de una estrategia climática integral.
Más allá del carbono: los co-beneficios
Una diferencia que suele influir en las decisiones de compra es la generación de beneficios adicionales:
¿Son mejores unos que otros?
La calidad de un crédito va más allá de si es o no forestal. Para evaluar la integridad de un proyecto, es mucho más relevante evaluar aspectos como la adicionalidad, la permanencia, el monitoreo, la trazabilidad, la transparencia metodológica y la verificación independiente. Es decir, tanto los créditos forestales como los no forestales pueden alcanzar altos estándares de calidad cuando se desarrollan bajo metodologías robustas y con mecanismos adecuados de seguimiento.
Un mercado que necesita ambas soluciones
Alcanzar los objetivos climáticos globales requiere tanto la reducción de emisiones como la remoción de carbono ya acumulado en la atmósfera. Por eso, ambas opciones representan enfoques complementarios para lograrlo. Mientras unos aprovechan la capacidad natural de los ecosistemas para almacenar carbono, otros impulsan innovaciones tecnológicas y transformaciones en sectores productivos clave.
Más que competir entre sí, ambas categorías forman parte de un conjunto de herramientas necesarias para avanzar hacia una economía baja en carbono y resiliente al cambio climático.