Entre redes y árboles: los manglares que sostienen a Úrsulo Galván
En el ejido de Úrsulo Galván, en Jalpa de Méndez, Tabasco, la pesca se aprende antes que muchas otras cosas. No hay un momento exacto en que se empieza: se va heredando. José Selvan González recuerda que tenía siete años cuando su padre lo llevaba al río a ayudar con las redes, a desenredarlas, a entender cómo se mueve el agua. Hoy, más de cuarenta años después, sigue saliendo a pescar guiado por lo mismo: la marea, el viento, la experiencia acumulada.
Los pescadores del ejido no pescan de una sola forma. A veces es tendiendo las redes cuando la marea está alta para que, al bajar, el pez quede atrapado. Otras veces es leyendo el instinto del pez, anticipando por dónde intentará escapar. Sus técnicas se han ido afinando con los años y forman parte de una tradición viva en la comunidad. Pero esta tradición también enfrenta límites cada vez más claros. Hay más pescadores, menos peces para cada uno y aquellas jornadas que antes rendían suficiente hoy apenas alcanzan unos cuantos kilos. La presión sobre el recurso se siente en el día a día, en la incertidumbre de lo que se va a sacar del río.
El proyecto de carbono forestal de XiCO2e llegó al ejido de Úrsulo Galván como una promesa central para la vida comunitaria. Para quienes han vivido siempre de la pesca, el manglar es parte del sistema que sostiene su actividad: ahí crecen especies, se concentra el camarón, y se resguarda buena parte de la vida que después llega al río. Lo que el proyecto ha conseguido es poner en valor ese conocimiento y traducirlo en una nueva fuente de ingresos vinculada a la conservación.
«Nos ha beneficiado bastante», explica Don José Selvan. Y este beneficio no es abstracto. Significa tener una entrada de dinero adicional en semanas donde la pesca no alcanza. Significa poder organizar el gasto, acceder a pequeños créditos locales y saldarlos con certeza. Significa, en términos simples, tener margen. Este margen también abre espacio para algo que antes era más difícil de imaginar: la diversificación. No depender únicamente de lo que se logra pescar cada día, sino combinarlo con otras actividades que surgen alrededor del cuidado del territorio.
Al mismo tiempo, las aportaciones de Xico2e han modificado la forma en que se habla del entorno dentro de la comunidad. La conservación del manglar ha pasado de ser una idea externa para volverse parte de una lógica cotidiana que consiste en cuidar los árboles, entender su relación con la pesca y reconocer que protegerlos también tiene un impacto directo con la economía local. En las conversaciones con sus hijos, Don José lo plantea sin rodeos: la pesca puede cambiar, incluso reducirse con el tiempo. Por eso insiste en la importancia de que aprendan otras cosas, que estudien y puedan elegir. Eso no significa una ruptura con el oficio, pero sí representa una ampliación de lo posible.
En Úrsulo Galván, el río sigue marcando el estilo de vida. Los pescadores continúan saliendo según la marea, tendiendo redes como lo han hecho por generaciones. Pero alrededor de esta rutina, empiezan a consolidarse otras formas de entender la vida en comunidad. La conservación de los bosques del manglar es mucho más que una apuesta ambiental: es una pieza clave en la economía local, una alternativa concreta frente a la presión sobre la pesca y una vía para que las nuevas generaciones construyan su futuro sin desprenderse del todo de sus tradiciones.
Te compartimos un fragmento de nuestra entrevista a Don José Selván